Una vez más, mi mente juega, como niña, a esconder y retomar recuerdos en un jeroglífico inexplicable que va y viene en mi mente, descifrando y componiendo palabras y de nuevo invirtiéndolas en un juego interminable.
Siempre queda una parte de nuestra niñez que prevalece, retazos de vivencias que hace que nuestro yo adulto siga soñando e ilusionándose, entre tanto traspié del día a día.
Es Navidad, ya queda poco, para los que como nosotros, celebramos la venida de Los Reyes Magos, ese día de ilusión y deseos.
Estos juegos me traen difusos recuerdos, llenos de brumas, como perdidos en mares de nieblas para allí, al final, vislumbrar el faro de luz que ilumina ese camino hacía momentos vividos con alegría junto a mis hermanas.Intento rescatarlos, hoy las llaves del cajón de los recuerdos se resisten a abrirlos para lograr reunir cada pieza del puzzle.
¡Hay tantos en los que pararse! me quedo con ese, que todos tuvimos, en que vamos despertando a la verdad e intentamos descubrir las pruebas de que "ellos" son los padres.
Me veo junto a mi hermana burlando la vigilancia de mamá, para entrar a registrar en el dormitorio los armarios intentado encontrar los juguetes y ver, en una mezcla agridulce, que llevábamos razón.
Soy la más pequeña de tres hermanas, la mayor de la segunda se llevan cinco años, la segunda de mi dieciséis meses. Recuerdo una vez que tenía ella un Pepón como este que os muestro, de cartón, lo que había en aquellos años. ¿Sabéis que hice? pues , muy limpia yo, lo bañé. :-(( Ya podéis imaginar lo que pasó cuando el cartón se empapó de agua...Ese es uno de los tantos que se me vienen al ir escribiendo. Las brumas se van disipando y afloran cada vez más facilmente los dulces paisajes de la niñez.Después de comprobar nuestra razón hicimos un falso engaño no solo para ellos, sino para nuestros propios deseos de seguir viviendo esa ilusión. Y al pasar de los años, no sé bien en que momento "decidí" seguir creyendo en esos Reyes Magos que deseo existan en algún lugar y puedan ayudarnos en trances que sentimos insalvables. Cada año les hablo, les presento los males que nos aquejan, y, sin poder evitarlo, siempre, nace un nudo en la garganta, junto a la petición que nos ayuden a salir de ellos. Hay mucho por qué darles gracias, pero en dichos momentos siento la necesidad de acudir a ese "milagro" que necesito. Así, sosegada en la esperanza de seguir en la lucha un año más, apoyada en la fe de lograr salir adelante, los abrazo con alguna que otra lágrima furtiva.


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